miércoles, 14 de noviembre de 2007

Muertos que vuelven a la vida



“La primera condición para la inmortalidad es la muerte”, palabras del escritor polaco Stanislaw Jerzy Lec y con mucha razón, pues al morir continuamos vivos realmente, al ser recordados de generación en generación.


San Andrés Mixquic es un pueblo ubicado en la delegación Tláhuac, al sureste del Distrito Federal, fundado a finales del siglo XVII en una isla de lo que fuera el antiguo lago de Xochimilco, a lo cual su nombre significa “lugar de mezquites” y cuya fama ha trascendido fronteras debido a la manera de celebrar el Día de Muertos.


Haciendo recuento, en tiempos prehispánicos la tradición de los pobladores de Mixquic consistía en enterrar a sus muertos en chinampas a un lado de sus casas, donde se les ponían ofrendas con agua, sal, rajas de ocote (esta eran utilizadas en lugar de las velas) y pescado fresco. La fecha en que se colocaba la ofrenda no era un día determinado, sí no al momento en que la persona fallecía.


En los primeros cuatro días después de enterrado, se le llevaban nuevas ofrendas, que es cuando se consideraba que el alma del difunto caminaba hacia el Mictlán, el mundo de los muertos; y a los 80 o ciento 60 días se les ofrendaba de nueva cuenta.


Una vez establecida la corona española en México y como producto del mestizaje, la tradición es transformada haciéndose patente la sustitución de ídolos por imágenes de santos, el itacate por pan y las rajas de ocote por velas o ceras, entre otros productos que actualmente son comerciales y dando origen a una ofrenda más vistosa y costosa.


Danza, teatro, música, exposiciones, exhibición de ofrendas, visitas guiadas y una variedad de elementos tradicionales, tanto gastronómicos como ornamentales, integran la oferta cultural de Día de Muertos en Mixquic; un acto que combina la tradición prehispánica con el rito católico de la muerte.


“Es una tradición antigua, donde lo prehispánico se opone a lo católico por lo que se genera una gran mezcla entre éstos y se crea lo que es día de muertos. Mixquic es reconocido porque ningún lugar hace lo mismo que se realiza aquí”, mencionó Juan Antonio Vázquez Pineda guía de turistas.
Como indica esta tradición, donde se funde lo pagano con lo religioso, los habitantes de Mixquic inician el rito arreglando sus tumbas, instalando las ofrendas y estrellas de papel de china en sus casas que alumbrarán el camino de los muertos, marcado con un faro hecho de chilacayote o una fogata a la entrada de las casas.


Esta acción también ha sido acompañada por disfraces de Halloween, una tradición extranjera y ajena de México que se está apropiando tanto de niños como de jóvenes y adultos, gracias a que hemos ido adoptando celebraciones de otros paises.


“Ahora viene mucha gente disfrazada a Mixquic, antes no; pero la tradición no está aquí, está en casa y en el panteón. Los concursos de movimiento también se crearon después”, comentó la señora María de los Ángeles Bernal residente de Mixquic desde hace 45 años.


El concurso de movimiento, es una actividad creada por el pueblo para representar por medio de calaveritas los eventos más relevantes que se han suscitado durante el año concerniente a la muerte; cabe destacar la representación del Día de Muertos en el pueblo de Mixquic, cuyo significado lo llevan las personas originarias del pueblo y sus acompañantes en el alma.


Es a partir del 29 de septiembre cuando se lleva a cabo la misa de San Miguel y se comienzan a adornar las tumbas de los muertos como invitación a la llegada de la fiesta. El día 28 de octubre se pone la ofrenda a las personas que fallecieron.


El día 31 por la mañana se pone la mesa del altar de muertos, se utiliza un mantel exclusivamente para la ofrenda y se colocan candeleros negros o blancos con velas para niños, a fin de iluminar su camino; así como figuritas de escuincles (perros) que guiarán sus almas por el inframundo y flores blancas que representan la pureza de ellos. Para el mediodía del 1 de noviembre, en el panteón de Mixquic suena el campanario de la iglesia, anunciando el arribo de las ánimas de los adultos.


En cada ofrenda se colocan la sal (para el alimento), el agua (para calmar la sed), y las veladoras (para iluminar su camino); además de flores de alelí y cempoalxochitl. En el piso, junto al altar, se coloca un petate nuevo donde se acomodan tamales, cazuelitas con sal y frutas, todo adornado con papel picado.


En la entrada de las casas un farol de papel de china y carrizo, que indica al ánima su hogar. La ofrenda se complementa con fruta, hojaldras y flores amarillas que iluminan a los adultos para que no se pierdan en el camino.


El día 2 se realiza el “alumbrado” en el panteón, donde se rinde un homenaje a los seres que se fueron y dejaron su recuerdo en este mundo. El panteón es iluminado con cirios, y las tumbas adornadas con flores son visitadas por sus familiares para acompañarlos y hacerles saber que serán bienvenidos en el futuro.


“Venimos a alumbrar para que despedir las almas de nuestros seres queridos, para eso hacemos uso del incienso, veladoras, y las flores que nunca faltan, esto es algo que nos inculcaron nuestros abuelos; comentó la señora María de la Luz habitante del pueblo.


El día 3, los vecinos de Mixquic se visitan para intercambiar la comida, fruta, pan y demás elementos de la ofrenda, dando por concluido esta celebración año con año.Una celebración que hace que los muertos vuelvan a la vida; por lo tanto, no dejemos morir la tradición de nuestra madre nación: México.

1 comentario:

Patricia dijo...

meDio laRgo peRo muy inteResaNte...